Examen Resuelto Acceso Universidad Complutense Madrid Historia de la Filosofía 2023

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Examen Resuelto Acceso Universidad Complutense Madrid Historia de la Filosofía 2023

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OPCIÓN A

1. Exponga las ideas fundamentales del texto y la relación que existen entre ellas.

El texto de David Hume aborda el origen de la idea de conexión necesaria, elemento central de la noción de causalidad, desde una perspectiva empirista.

Las ideas fundamentales son las siguientes:

  1. La idea de conexión necesaria entre dos sucesos (causa y efecto) no surge de la observación de un único caso o instancia en que estos ocurren juntos, por mucho que lo analicemos. La mera observación aislada solo nos muestra una sucesión, no una conexión intrínseca.
  2. Dicha idea se origina a partir de la experiencia repetida de casos similares en los que observamos una conjunción constante entre dos sucesos. Es decir, vemos que un suceso A es seguido consistentemente por un suceso B.
  3. La repetición de casos similares no revela ninguna cualidad nueva en los objetos mismos que explique la conexión. Lo único que diferencia una serie de casos de un caso individual es, precisamente, la repetición.
  4. Esta repetición genera en la mente un hábito o costumbre. Por efecto de este hábito, cuando observamos el primer suceso (la causa), nuestra mente es llevada a esperar la aparición del suceso acompañante usual (el efecto) y a creer que este ocurrirá.
  5. La conexión necesaria, por lo tanto, no es una cualidad objetiva de los sucesos externos, sino un sentimiento o impresión interna de la mente. Es la sensación de esta transición mental habitual, de la imaginación pasando de un objeto a su acompañante usual, la que constituye la impresión original de la cual deriva la idea de poder o conexión necesaria.

La relación entre estas ideas es de carácter genético y explicativo, siguiendo el método empirista de Hume: La idea compleja de "conexión necesaria" debe derivarse de una impresión. Hume argumenta que no hay una impresión externa de esta conexión en los objetos. La observación repetida (conjunción constante) genera un proceso psicológico interno (hábito). Este hábito produce una expectativa y una creencia, y la sensación de esta transición mental forzada por el hábito es la impresión interna (una impresión de reflexión) que da origen a la idea de conexión necesaria. En resumen, la causalidad, entendida como conexión necesaria, es una proyección de nuestra mente sobre el mundo, fundamentada en el hábito y la experiencia pasada, no en una visión directa de un vínculo real e intrínseco entre los sucesos.

2. Exponga el problema de la moral en un autor de la época Antigua.

Expondré el problema de la moral en Aristóteles, uno de los filósofos más influyentes de la Antigüedad.

Para Aristóteles, la ética es una disciplina práctica cuyo objetivo es determinar cuál es el fin último (el telos) de la vida humana y cómo alcanzarlo. Este fin último, en el que todos los seres humanos coinciden, es la felicidad (eudaimonia). La eudaimonia no es un simple estado de ánimo pasajero, sino una actividad del alma conforme a la virtud (areté) perfecta, y que además requiere ciertas condiciones externas (salud, recursos económicos moderados, etc.) a lo largo de una vida entera.

El núcleo de la ética aristotélica reside en la noción de virtud. Aristóteles distingue dos tipos de virtudes:

  1. Virtudes éticas o morales: Son aquellas que perfeccionan la parte apetitiva y volitiva del alma. Consisten en un hábito selectivo que se sitúa en un término medio (mesotés) relativo a nosotros, determinado por la razón (logos) y, más concretamente, por la prudencia (phrónesis) del hombre sabio. Este término medio se establece entre dos extremos viciosos, uno por exceso y otro por defecto. Por ejemplo, la valentía es el término medio entre la cobardía (defecto) y la temeridad (exceso). Las virtudes morales no son innatas, sino que se adquieren mediante la costumbre y el ejercicio, es decir, actuando virtuosamente.
  2. Virtudes dianoéticas o intelectuales: Son aquellas que perfeccionan la parte racional del alma. La más importante de ellas en el ámbito práctico es la prudencia (phrónesis), que es la capacidad de deliberar correctamente sobre lo que es bueno y conveniente para el hombre en relación con la vida feliz en su conjunto. Permite determinar cuál es el término medio adecuado en cada situación concreta. Otras virtudes intelectuales son la sabiduría (sophía), que contempla las verdades necesarias y universales, la ciencia (episteme), el arte (techné) y el intelecto (nous).

La felicidad perfecta para Aristóteles reside en la actividad contemplativa, el ejercicio de la sabiduría (sophía), ya que esta es la actividad más elevada y propia del ser humano, aquella que nos acerca a lo divino. Sin embargo, reconoce que la vida puramente contemplativa es difícil de alcanzar para la mayoría, y que la felicidad humana también implica necesariamente el ejercicio de las virtudes morales en la vida social y política, guiadas por la prudencia.

En síntesis, la moral aristotélica es teleológica (orientada a un fin: la felicidad), eudemonista (ese fin es la felicidad) y virtuosa (la felicidad se alcanza mediante el ejercicio de la virtud). La virtud es un hábito adquirido que consiste en encontrar el término medio a través de la razón práctica (prudencia).

3. Exponga el problema del ser humano en un autor de la época Medieval.

Expondré el problema del ser humano en Tomás de Aquino, figura central de la escolástica medieval.

Tomás de Aquino aborda la antropología desde una perspectiva que sintetiza la filosofía aristotélica con la teología cristiana. Define al ser humano como una unidad sustancial compuesta de cuerpo (materia) y alma (forma), siguiendo la doctrina hilemórfica de Aristóteles. Rechaza así el dualismo platónico radical que consideraba el cuerpo como una cárcel para el alma. Para Aquino, el alma es la forma sustancial del cuerpo, aquello que le da vida, unidad y especificidad. La unión entre alma y cuerpo no es accidental, sino natural y necesaria para la constitución del ser humano completo.

El alma humana es el principio de vida y posee diversas facultades o potencias, jerarquizadas según sus funciones:

  1. Facultades vegetativas: Compartidas con las plantas (nutrición, crecimiento, reproducción).
  2. Facultades sensitivas: Compartidas con los animales (sentidos externos, sentidos internos como la imaginación y la memoria, y apetitos sensibles como los deseos y emociones).
  3. Facultades racionales o intelectivas: Propias y exclusivas del ser humano. Son el entendimiento (o intelecto) y la voluntad.
    • El entendimiento (intellectus) es la facultad de conocer la verdad, de abstraer las esencias universales a partir de los datos sensibles. Distingue entre el entendimiento agente (que abstrae las formas) y el entendimiento paciente (que recibe esas formas y conoce).
    • La voluntad (voluntas) es el apetito racional, la facultad de querer el bien presentado por el entendimiento. La voluntad tiende naturalmente hacia el bien en general y es libre (libre albedrío) para elegir entre los bienes particulares que el entendimiento le presenta como medios para alcanzar el fin último.

Una cuestión fundamental en la antropología tomista es la naturaleza del alma. El alma humana, específicamente en su dimensión racional (el entendimiento y la voluntad), es inmaterial y espiritual. Esto se demuestra, según Aquino, por su capacidad de conocer formas universales y abstractas, algo que trasciende las capacidades de la materia. Al ser inmaterial, el alma racional es también incorruptible e inmortal. Sobrevive a la muerte del cuerpo, aunque su estado natural y completo requiere la unión con él, lo que fundamenta teológicamente la doctrina de la resurrección de los cuerpos.

El fin último del ser humano, según Tomás de Aquino, es la felicidad (beatitudo), al igual que para Aristóteles. Sin embargo, Aquino distingue entre una felicidad imperfecta, alcanzable en esta vida mediante el ejercicio de las virtudes (tanto morales como intelectuales) y la contemplación filosófica, y una felicidad perfecta. Esta última consiste en la visión beatífica de Dios en la vida ultraterrena, un fin sobrenatural que solo puede alcanzarse por la gracia divina.

En resumen, Tomás de Aquino concibe al ser humano como una unidad sustancial de cuerpo y alma, siendo el alma racional, inmaterial e inmortal, la forma del cuerpo. Sus facultades superiores, entendimiento y voluntad, lo definen y lo orientan hacia su fin último: la felicidad perfecta, que consiste en la contemplación de Dios.

4. Exponga el problema de la sociedad y/o política un autor de la época Moderna.

Expondré el problema de la sociedad y la política en John Locke, figura clave del empirismo y del liberalismo político moderno.

La filosofía política de Locke, expuesta principalmente en sus Dos Tratados sobre el Gobierno Civil, parte de la concepción de un estado de naturaleza previo a la formación de la sociedad civil. A diferencia de Hobbes, para Locke el estado de naturaleza no es un estado de guerra de todos contra todos, sino un estado de paz, buena voluntad, asistencia mutua y conservación. En este estado, los individuos son libres, iguales e independientes, y están regidos por la ley natural, que es descubierta por la razón y que dicta que nadie debe dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones.

En el estado de naturaleza, los individuos poseen derechos naturales inherentes e inalienables, que preceden a cualquier orden social o político. Los derechos fundamentales son:

  1. Derecho a la vida.
  2. Derecho a la libertad.
  3. Derecho a la propiedad privada. Locke justifica este último a través del trabajo: al mezclar su trabajo con los recursos naturales comunes, el individuo los convierte legítimamente en su propiedad.

Aunque el estado de naturaleza es mayormente pacífico, presenta ciertos inconvenientes:

  1. No existe una ley establecida, fija y conocida, aceptada por consenso general.
  2. No hay un juez público e imparcial con autoridad para resolver las disputas conforme a la ley establecida.
  3. Falta un poder que respalde y ejecute las sentencias justas.

Estos inconvenientes hacen que el disfrute de los derechos naturales sea inseguro y esté constantemente amenazado. Para remediar esta situación y garantizar la protección de sus derechos naturales (especialmente la propiedad, que Locke a veces usa en sentido amplio para incluir vida y libertad), los individuos deciden libre y voluntariamente abandonar el estado de naturaleza y constituir una sociedad civil o política mediante un pacto o contrato social.

A través de este pacto, los individuos renuncian a su poder de ejecutar la ley natural por sí mismos y lo delegan en la comunidad, creando así un Estado. El propósito fundamental del Estado es, por tanto, preservar los derechos naturales de sus ciudadanos (vida, libertad y propiedad). El poder del Estado no es absoluto, sino limitado y derivado del consentimiento de los gobernados.

Locke aboga por una separación de poderes (legislativo, ejecutivo y federativo) para evitar la concentración de poder y el despotismo. El poder supremo es el legislativo, que pertenece al pueblo, aunque este lo delegue en sus representantes. Si el gobierno actúa en contra de la confianza depositada en él y viola los derechos naturales de los ciudadanos, estos tienen el derecho a la resistencia y, en última instancia, a la rebelión para disolver el gobierno y establecer uno nuevo que cumpla con los fines para los que fue instituido.

En síntesis, la teoría política de Locke es la base del liberalismo político: defiende la existencia de derechos naturales previos al Estado, el origen de la sociedad política en un pacto social basado en el consentimiento, la limitación del poder estatal, la separación de poderes y el derecho a la resistencia contra la tiranía, todo ello orientado a la protección de la libertad y la propiedad individuales.

5. Exponga el problema de Dios en un autor de la época Contemporánea.

Expondré el problema de Dios en Friedrich Nietzsche, uno de los filósofos más radicales y críticos de la época Contemporánea.

La reflexión de Nietzsche sobre Dios culmina en su famosa y provocadora proclamación: "Dios ha muerto" (Gott ist tot), expresada notablemente en Así habló Zaratustra y La gaya ciencia. Esta afirmación no debe entenderse como una simple constatación atea de la inexistencia de Dios en un sentido metafísico, aunque Nietzsche era ciertamente ateo. Es, sobre todo, un diagnóstico cultural: la creencia en el Dios judeocristiano, que había sido el pilar fundamental de la civilización occidental durante siglos, ha perdido su fuerza y credibilidad en la conciencia moderna. Ya no funciona como fuente última de sentido, valor y moralidad.

Las implicaciones de la "muerte de Dios" son profundas y devastadoras para Nietzsche:

  1. Pérdida de Fundamento: Al morir Dios, desaparece el fundamento trascendente sobre el que se asentaban todos los valores supremos de la cultura occidental (la verdad, el bien, el sentido de la vida, la moral). Sin Dios, estos valores quedan suspendidos en el vacío, revelándose como meras invenciones humanas.
  2. Advenimiento del Nihilismo: La consecuencia inmediata de la muerte de Dios es el nihilismo, la experiencia de la falta de sentido, la devaluación de todos los valores considerados supremos. El ser humano moderno se encuentra perdido, sin brújula moral ni propósito último. Nietzsche distingue un nihilismo pasivo (resignación, decadencia) y un nihilismo activo (destrucción de los viejos valores para crear nuevos).
  3. Crítica a la Moral Judeocristiana: Nietzsche considera que la moral judeocristiana, basada en la creencia en Dios, es una "moral de esclavos" o "moral del rebaño". Es una moral resentida, creada por los débiles y oprimidos para invertir los valores aristocráticos (propios de la "moral de señores") y presentar como "buenas" las cualidades de la debilidad (humildad, obediencia, compasión) y como "malas" las de la fortaleza (orgullo, poder, creatividad). Esta moral, al negar los instintos vitales y afirmar un trasmundo ideal, es hostil a la vida (lebensfeindlich).
  4. La Necesidad de Superación: La muerte de Dios no es solo una catástrofe, sino también una oportunidad. Libera al ser humano de la carga de la trascendencia y le abre la posibilidad de crear sus propios valores, afirmando la vida terrenal aquí y ahora. Esta es la tarea del Übermensch (Superhombre), el tipo de ser humano capaz de asumir la muerte de Dios, superar el nihilismo y crear nuevos valores basados en la voluntad de poder (entendida como fuerza creativa y autoafirmadora) y el amor fati (amor al destino, aceptación plena de la vida con todo su sufrimiento y alegría), culminando en la idea del eterno retorno de lo mismo como prueba suprema de afirmación vital.

En resumen, para Nietzsche, el problema de Dios está intrínsecamente ligado a la crisis de la cultura occidental. La "muerte de Dios" significa el colapso del sistema de valores tradicional y el surgimiento del nihilismo. Sin embargo, esta crisis también representa una liberación que posibilita la transvaloración de todos los valores y el advenimiento de un nuevo tipo de ser humano, el Übermensch, que crea sentido desde la inmanencia y la afirmación radical de la vida.